La comunidad LGBT mexicana cierra el año con broche de oro: La asamblea legislativa en el DF ha aprobado las uniones entre personas de un mismo sexo. Y sólo se me va un suspiro mientras pienso “Qué necesidad”. Ahora cualquier mujercita se va a sentir con derecho de ponerme un anillo en el dedo. Las adorables lesbianas, que en el mejor ejemplo de amor al prójimo nos endulzaban la vida sin pedir nada a cambio, se convertirán en unas fieras obsesionadas con el matrimonio. Una vez más, la sociedad heterosexual nos obsequia una de sus peores creaciones y con la súbita tristeza alumbrando mi alma, no me queda más remedio que brindar por ello. 24 de diciembre de 2009
La Marcha Nupcial
La comunidad LGBT mexicana cierra el año con broche de oro: La asamblea legislativa en el DF ha aprobado las uniones entre personas de un mismo sexo. Y sólo se me va un suspiro mientras pienso “Qué necesidad”. Ahora cualquier mujercita se va a sentir con derecho de ponerme un anillo en el dedo. Las adorables lesbianas, que en el mejor ejemplo de amor al prójimo nos endulzaban la vida sin pedir nada a cambio, se convertirán en unas fieras obsesionadas con el matrimonio. Una vez más, la sociedad heterosexual nos obsequia una de sus peores creaciones y con la súbita tristeza alumbrando mi alma, no me queda más remedio que brindar por ello. 1 de diciembre de 2009
Fetiche del mes: Mulholland Drive
Una tomadura de pelo: Así es como describen algunos cinéfilos esta cinta de Lynch. No es casual, desde Eraserhead el director se ha caracterizado por hacer películas sumamente complejas, que muestran realidades distorsionadas explotando los elementos surrealistas que las componen. Para la edición en DVD de Mulholland Drive, incluso tuvo que agregar una guía con diez preguntas para entender el filme: Tan así está la cosa.
¿Y por qué razón este retorcido filme ocupa el sitio del fetiche del mes en este blog lésbico? Pues porque más allá de las suculentas interpretaciones que se puedan generar en torno a él, David Lynch toma como pretexto una relación entre dos mujeres - finamente delineada y apenas evidente en un par de escenas – para exhibir el lado más oscuro de Hollywood. Las encargadas de hacer proezas bajo las sábanas son Naomi Watts y Laura Elena Harring, así que al menos les garantizo el banquete visual.

La cinta se encuentra dividida en dos partes. En la primera Rita (Laura Elena) sufre un accidente y bajando la colina se refugia en una casa que resulta ser el nuevo albergue de Betty (Naomi). Rita no recuerda ni su nombre y acompañada de Betty inicia una pesquisa para descubrir quién es y qué le ha pasado. La noche que les toca compartir cama no les queda más remedio que pegarse un revolcón de los buenos. Tras un par de sucesos más, viene la segunda parte en la que Betty ya no es Betty sino Diane Selwyn, y Rita ya no es Rita sino Camila Rhodes. Aparecen de nueva cuenta emparejadas, pero en una relación bastante turbia e incluso trágica y todo esto hace pensar que el bloque anterior fue tan sólo una catarsis onírica de una Diane muerta de celos porque su chica le ha dejado por un director de cine.
Ojo, lo que estoy narrando sólo la parte superficial y mi sinopsis se queda muy corta ante la riqueza intelectual de esta obra. Sobre, bajo, delante, en medio, detrás y a un costado del drama lésbico, se encuentran multitud de símbolos de los que no hay que perder detalle, pues dan forma a una de las películas emblemáticas del surrealismo contemporáneo.
23 de noviembre de 2009
El principio del placer
No recuerdo exactamente cuándo comenzaron a gustarme las chicas. Pero es muy probable que me haya sucedido lo que le sucede a casi todos los seres humanos, sin importar que algo les cuelgue o no: Una pequeña llamita que comienza a prender desde la infancia, sea con la firme intervención de la vecina de seis años o con las bostezantes enseñanzas de la maestra de primaria.
Y supongo que así se van los primeros años de nuestras vidas, echando más carbón al fuego para convertir esa flama en un incendio adrede, intercalándolo de vez en vez con cubetadas de agua para no sufrir lesiones graves.
El milagro ocurre cuando el extinguidor llega vestido en jeans y blusa de tirantes, roja, eso sí, como debiera ser un buen extinguidor. Pero antes de esto, ya nos habremos pegado algunas quemaduras en tercer grado.
Ésta es la historia de cómo acabé siendo una pirómana.
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